martes, 1 de marzo de 2011

3º capítulo. Un nuevo vecino.

Suena el despertador. Con un gemido cansado lo apago y me pongo en pie. El reloj marca las 7:00, hora de ir al instituto. Me dirijo a la cocina donde está Hilary sacudiendo una cuchara llena de chocolate y pegando berridos.
-¡Hedena, estoy comiendo cereales!-grita. Yo la beso en la coronilla, riendo. Sus cortos rizitos rubios rebotan cuando mueve la cabeza riendo. Y yo no puedo evitar desear volver a tener otra vez dos años, a reir por nada, a tener esa energía inagotable. Desayuno corriendo, me visto con mis vaqueros viejos y una camiseta roja pequeña y salgo corriendo por la puerta después de coger mi mochila, dándole un beso antes a mi madre, que intenta detener a Hilary antes de que ponga perdida la cocina.
Saco el iPod y me dirijo a paso lento al instituto. La música resuena a todo volumen en mis oidos, cuando veo una cara conocida. Es el cantante de aquella noche hace una semana. Drake. Él me ve y frunce el cejo. Está delante de un portal cercano a mi casa, acompañado por su amigo negro. Sonríe y se acerca a mí mientras yo guardo el iPod. Lleva entre los brazos una enorme caja de cartón cerrada.
-¿Cómo tú por aquí?-me saluda.
-Vivo aquí-contesto señalando mi casa.
-¡Drake!-exclama su amigo.-¡He encontrado la llave!
-¿Quieres pasar?-me ofrece. Me encojo de hombros y le sigo.-Coje esa caja del maletero si haces el favor.
-¿Te estás mudando?-le digo ayudándole con la caja. Él asiente con la cabeza.
-Cójeme la llave del coche del bolsillo, ¿quieres?
-¿Estás de coña, no?
Él se ríe y mete la mano en el bolsillo para cerrar el coche.
Le sigo por las desvencijadas escaleras que crujen a nuestro paso.
-¿A qué instituto vas?-me intereso.
Drake se empieza a reir. ¿Qué le hace tanta gracia?
-Yo no voy al instituto, preciosa.
-¿Cuántos años tienes?
-Diecisiete. Pero me he emancipado y he dejado de estudiar.
-¿Por qué?
Se encoje de hombros en silencio, y me doy cuenta de que no va a responder. Debo de haber tocado un tema tabú.
Por fin llegamos a su piso en la segunda planta. El amigo está tirado en el sofá con una cerveza en la mano viendo la tele. Su casa es pequeña, más o menos como mi piso, un poco desordenada pero limpia. No está muy decorada, simplemente con lo necesario.
-¡Negro! Tengo una invitada, no seas maleducado.
-Por supuesto, ¿quieres una cerveza?-sonríe Negro.
-Claro, gracias- me pasa una lata de Heineken.
-Negro, Helena. Helena, Negro- presenta Drake cogiendo otra cerveza de la nevera en la cocina y tirándose en el sofá al lado de su amigo.- Puedes dejar la caja ahí-me señala un rincón donde está la suya.
-Bueno, yo debería irme ya al instituto- me empiezo a despedir.
-¿Por qué no te quedas? No creo que te pierdas nada en clase. Vamos, quédate.
Me lo pienso un momento. La verdad es que no me apetece nada ir a clase. Nadie se daría cuenta, mañana podría falsificar una nota alegando cualquier enfermedad.
Me siento al lado de Drake en el sofá, aún con la cerveza en la mano. Negro hace zapping sin encontrar nada mínimamente interesante y al final deja una serie de policías. Le doy otro sorbo a la lata, sin conseguir beber nada. Me la he acabado. Drake me mira y me dice señalando la cocina:
-Puedes coger otra de la nevera.
-¿Puedo fumar?-le pregunto, sin embargo.
-Claro.-Se saca una caja del bolsillo trasero y me pasa un cigarrillo. Me palpo los bolsillos intentando encontrar el mechero. Mierda, se me ha olvidado. Él, adivinándome el pensamiento, me enciende el cigarro. Le doy una buena calada y la expulso.
-Bueno, yo ya me voy-dice Negro después de acabarse la cerveza.-Encantado de conocerte, Helena.
Drake le acompaña a la puerta.
-¿Qué vas a hacer con ella?-oigo a Negro decir en voz baja. Esto me pone alerta. ¿Qué pretende Drake?
-Nada. No tienes que preocuparte, Negro.
Ya me quedo más tranquila, solo intenta ser amable. Le da una palmada en la espalda y Negro sale por la puerta. La verdad es que a pesar de mis prejuicios en el bar, son buena gente. No tengo que preocuparme, está todo bien.
Drake vuelve a sentarse a mi lado con la cerveza.
-¿Qué tal te va en el instituto?-me pregunta. Yo me encojo de hombros con desgana.
-No demasiado mal. Me han quedado francés y física. No está tan mal si lo piensas, a la mayoría les han quedado cinco. ¿Y qué tal tú fuera de él?
Ahora es él el que se encoje de hombros.
-No se vive mal. ¿Física? Siempre se me dió bien. ¿Puedo verlo?- dice señalando mi mochila. Saco el libro, compuesto por unas cuatrocientas páginas, para enseñárselo. Él lo hojea en silencio.
-Fácil- dice simplemente.- ¿Qué es lo que no entiendes?
-Esa cosa del calor latente, ¿sabes lo que te digo? Sé que es una chorrada pero me cuesta horrores.
Drake empezó a explicarmelo. Y resultó ser tan fácil como una simple suma. Era un maestro realmente bueno, tres veces mejor que el castor que tengo por profesor y además tres veces más guapo. ¿Cómo podía saber tanto si había dejado el instituto? ¿Qué razones podrían haberlo impulsado a hacer eso? ¿Qué clase de vida habría llevado?

2º capítulo. Drake.

Vivo en un pequeño piso a un par de calles del instituto con mi hermana de dos añitos, mi madre y mi padre. La calle en la que se encuentra mi casa es sucia, frecuentada por mala gente y rodeada de peluquerías baratas que te destrozan el pelo.
Me detengo frente a una puerta negra cubierta de arte callejero y me saco la llave del bolsillo. Abro la puerta y empiezo a subir las escaleras pasando la mano por la barandilla, arañándome la piel con las astillas que sobresalen de la rugosa madera. Ya en la puerta, me reciben los berridos de Hilary, mi hermana.
-¡Hedena, Hedena!- me dice en sus dulces dos años de vida. Yo la cojo entre mis brazos y la planto un sonoro beso en la mejilla. De ahí me dirijo a mi cuarto a llamar a alguien que me pueda acompañar por la tarde.
Llamo a Meredith, a Tony, a Peter, a Paul, a Amy, a April... Hasta que al final me doy por vencida y decido ir sola.
Y aquí estoy, cinco horas después, ataviada con un top negro que deja al descubierto la mayor parte de mi espalda, unos pantalones cortos vaqueros y unos taconazos de tiras negras. Me paro con el coche en un bar llamado "Boulevard" según pone en ruinosas letras luminosas encima de la sucia puerta. El cartel emite una luz enfermiza y un ruido que es como un zumbido. Me acerco a la barra y pido un tequila. En la parte norte del bar, a mi derecha, hay un pequeño escalón donde el propietario deja que toquen algunos grupos. Hoy está un grupo compuesto por cuatro integrantes jóvenes, más o menos de mi edad, que tocan una bonita canción que seguramente han compuesto ellos. Es bonita, con cierto ritmo.
 Al bajo se encuentra un chico de pelo castaño y ojos marrones. Sus manos recorren el instrumento mientras su boca tararea la letra de la canción. A su izquierda está un muchacho más bajito de pelo rubio con un piercing en la ceja, que toca la guitarra eléctrica, concentrado. En el otro extremo se encuentra el batería, un joven negro que no para de sonreir, cuyas manos se mueven a la velocidad de la luz con las baquetas en ellas. Y en el centro de todo está el cantante. Lleva atada a la espalda con una cinta una guitarra eléctrica roja y blanca a la que acaricia sacándole las notas más dulces. Es moreno, alto, con unos ojos verdes... que ahora mismo están vueltos hacia mí. Sigue paseando su mirada por todo el bar mientras canta. Tiene una voz suave, atrayente y a la vez viril. Es realmente guapo.
Dejo que la canción se escuche de fondo en mi mente mientras me giro para centrarme en mi tequila.
-Ponme un whisky.- Oigo una voz a mi lado. Ha acabado la canción y el cantante se encuentra a mi lado apoyándose en la barra. Debe de notar mi mirada porque se vuelve hacia mí. Yo finjo indiferencia y sigo con mi bebida.
-Hola, preciosa, no recuerdo haberte visto por aquí- dice con voz atrayente mirándome de arriba a bajo.
-Yo por suerte tampoco- le contesto sin mirarle siquiera. Él suelta una carcajada y se dirige al camarero que debe ser amigo suyo:
-¿Has visto? Uno intenta ser amable y mira lo que pasa...-finge sentirse ofendido. El camarero se ríe y me mira. Yo me limito a acabarme lo que queda de tequila de un trago, a pagar y a largarme de allí. Pero cuando estoy a punto de abrir la puerta, un brazo me detiene.
-Vamos, déjame que te ofrezca al menos un cigarrillo- dice el cantante.
-¿Qué es lo que quieres?
-Que te fumes un cigarro conmigo y charlemos.
Me tiende una caja roja de Marlboro que no rechazo.
-Sólo uno.
Salgo por la puerta para que me dé el aire mientras me lo fumo. Él me sigue como ya esperaba. Me siento en el bordillo de la acera con él a mi lado, y me enciende el cigarro. Suavemente le doy una calada, expulsando luego el humo por la boca.
-¿Cómo te llamas?-me pregunta tras unos segundos de silencio.
-Helena-contesto yo después de preguntarme si debería decirselo.-¿Y tú?
-Drake.
-Suena...oscuro.
Él asiente con la cabeza y sigue con el cuestionario:
-¿Qué es lo que más odias?
Esa pregunta me sorprende enormemente. Me paro un momento a pensar. ¿Qué es lo que más odio? Supongo que sentirme como una niña pequeña, me gustaría tanto que me tomasen más en serio... Quiero tomar decisiones por mí misma, un poco de independencia. Me doy cuenta de lo que más odio y por fin contesto:
-Que me digan lo que tengo que hacer.
Él alza las cejas.
-¿Rebelde?
Suelto una carcajada.
-Un poco, quizás. ¿Qué hay de ti?
-Odio...esas zapatillas que brillan al andar. ¿Sabes cuáles te digo? Son horribles, me provocan dolor de cabeza cada vez que veo unas.
Me vuelvo a reir.
-¡Eso no vale!
-¿Por qué no?-ríe también.
-¿No hay nada que odies de verdad?
-La prepotencia. Con todas mis fuerzas.
Seguimos en silencio dándole lentas caladas al cigarro. Tiene una pierna estirada y la otra encogida con relajación, y coge el cigarro como James Dean, tan elegante y varonil. Se gira hacia mí y me pregunta:
-¿Dónde estudias?
-En el instituto St. Michel, no muy lejos de aquí.
-Lo conozco-asegura. Y me hace otra pregunta.- ¿Qué quieres estudiar?
-No lo sé. No tengo ni idea.-Mi voz se apaga poco a poco al final de la frase.
-¿No hay nada que te guste?
Me encojo de hombros. El cigarrillo se ha consumido y yo tengo que irme. Me levanto, le doy las gracias y me voy al coche.
Y sin pretenderlo, no puedo parar de pensar en él. Ha resultado no ser tan idiota como creía, incluso parecía de confianza. ¿Le volvería a ver?

1º capítulo. Planes.

-Ven esta tarde...-suplico.
-Ya te he dicho que no puedo-suspira Ash.-Ojalá, de verdad. Id vosotros, yo tengo que cuidar al pequeño Tommy.
-¿Adónde se va esta vez tu madre?
-A no se qué entrevista idiota en San Diego.
-Qué putada.
-Ni que lo digas.
No hacía falta que le preguntase por su padre. Había muerto cinco años atrás cuando le atracaron unos ladrones a mano armada. Él se negó a darles nada,  les desafió y le pegaron un tiro. Estuvo en el hospital tres días, luchando por su vida. No vi a Ash en una semana y cuando la fui a visitar a su casa estaba deshecha, con los ojos enrojecidos de tanto llorar. Estuvo un año en un estado de depresión continuo. Fue una época realmente horrible.
-Presten atención, señoritas-nos ordena la profesora. Yo la ignoro y me fijo de nuevo en lo poco que nos parecemos Ash y yo a pesar de ser tan amigas. Ella tiene el cabello negro cortado al cepillo con las puntas teñidas de un rojo intenso como si de lenguas de fuego se tratase. Lleva un piercing de aro colgando del labio inferior y tiene unos ojos castaños que la hacen parecer inocente hasta que te fijas en el resto de su cuerpo. Sus ángulos son agudos y estrechos y en su fina boca se encuentra una lengua afilada capaz de soltar barbaridades inimaginables.
Al contrario que ella, yo tengo el pelo castaño liso a media altura entre la cadera y la cintura y unos ojos azules que heredé de mi abuela griega. Mis rasgos son finos y dulces, y mi sonrisa inocente es capaz de engañar a cualquiera.
-Señorita Ryde, escuche o se quedará castigada después de...
La última palabra se pierde entre las numerosas voces de los estudiantes. El sonido del timbre marca el fin de las clases y el comienzo del fin de semana. Me levanto y recojo mi mochila antes de que le dé tiempo a acabar de amenazarme.
-Alex, ¿tú vienes esta tarde?- pregunto a un chico grande lleno de tatuajes.
-Lo siento, Helena, no puedo. Me toca turno nocturno en el bar.
Alex trabaja los sábados por la mañana en un bar cercano a mi casa llamado "the Legend". A veces también tiene que sustituir a su compañero los viernes por la noche cuando éste se pone malo, algo que por desgracia sucede a menudo. Es un sitio sucio lleno de hombres aún menos limpios, que acostumbran a pasar el rato bebiendo cerveza, jugando al billar o peleándose. No es un buen barrio.
-Y entonces, ¿con quién me voy yo de copas esta noche?- les pregunto a Ash y a Alex. Ellos se limitan a encogerse de hombros y hacer una mueca en señal de disculpa. Tendré que ir sola. Suspiro y me dirijo a casa. Al salir del instituto un vacío me vuelve a recorrer el estómago. Estoy cansada de la rutina, de ver siempre las mismas caras. Siento que mi vida gira en un círculo que va cada día más lento. Me agobia. Cierro los ojos y respiro hondo. Más tranquila me dirijo a casa.