Me detengo frente a una puerta negra cubierta de arte callejero y me saco la llave del bolsillo. Abro la puerta y empiezo a subir las escaleras pasando la mano por la barandilla, arañándome la piel con las astillas que sobresalen de la rugosa madera. Ya en la puerta, me reciben los berridos de Hilary, mi hermana.
-¡Hedena, Hedena!- me dice en sus dulces dos años de vida. Yo la cojo entre mis brazos y la planto un sonoro beso en la mejilla. De ahí me dirijo a mi cuarto a llamar a alguien que me pueda acompañar por la tarde.
Llamo a Meredith, a Tony, a Peter, a Paul, a Amy, a April... Hasta que al final me doy por vencida y decido ir sola.
Y aquí estoy, cinco horas después, ataviada con un top negro que deja al descubierto la mayor parte de mi espalda, unos pantalones cortos vaqueros y unos taconazos de tiras negras. Me paro con el coche en un bar llamado "Boulevard" según pone en ruinosas letras luminosas encima de la sucia puerta. El cartel emite una luz enfermiza y un ruido que es como un zumbido. Me acerco a la barra y pido un tequila. En la parte norte del bar, a mi derecha, hay un pequeño escalón donde el propietario deja que toquen algunos grupos. Hoy está un grupo compuesto por cuatro integrantes jóvenes, más o menos de mi edad, que tocan una bonita canción que seguramente han compuesto ellos. Es bonita, con cierto ritmo.
Al bajo se encuentra un chico de pelo castaño y ojos marrones. Sus manos recorren el instrumento mientras su boca tararea la letra de la canción. A su izquierda está un muchacho más bajito de pelo rubio con un piercing en la ceja, que toca la guitarra eléctrica, concentrado. En el otro extremo se encuentra el batería, un joven negro que no para de sonreir, cuyas manos se mueven a la velocidad de la luz con las baquetas en ellas. Y en el centro de todo está el cantante. Lleva atada a la espalda con una cinta una guitarra eléctrica roja y blanca a la que acaricia sacándole las notas más dulces. Es moreno, alto, con unos ojos verdes... que ahora mismo están vueltos hacia mí. Sigue paseando su mirada por todo el bar mientras canta. Tiene una voz suave, atrayente y a la vez viril. Es realmente guapo.
Dejo que la canción se escuche de fondo en mi mente mientras me giro para centrarme en mi tequila.
-Ponme un whisky.- Oigo una voz a mi lado. Ha acabado la canción y el cantante se encuentra a mi lado apoyándose en la barra. Debe de notar mi mirada porque se vuelve hacia mí. Yo finjo indiferencia y sigo con mi bebida.
-Hola, preciosa, no recuerdo haberte visto por aquí- dice con voz atrayente mirándome de arriba a bajo.
-Yo por suerte tampoco- le contesto sin mirarle siquiera. Él suelta una carcajada y se dirige al camarero que debe ser amigo suyo:
-¿Has visto? Uno intenta ser amable y mira lo que pasa...-finge sentirse ofendido. El camarero se ríe y me mira. Yo me limito a acabarme lo que queda de tequila de un trago, a pagar y a largarme de allí. Pero cuando estoy a punto de abrir la puerta, un brazo me detiene.
-Vamos, déjame que te ofrezca al menos un cigarrillo- dice el cantante.
-¿Qué es lo que quieres?
-Que te fumes un cigarro conmigo y charlemos.
Me tiende una caja roja de Marlboro que no rechazo.
-Sólo uno.
Salgo por la puerta para que me dé el aire mientras me lo fumo. Él me sigue como ya esperaba. Me siento en el bordillo de la acera con él a mi lado, y me enciende el cigarro. Suavemente le doy una calada, expulsando luego el humo por la boca.
-¿Cómo te llamas?-me pregunta tras unos segundos de silencio.
-Helena-contesto yo después de preguntarme si debería decirselo.-¿Y tú?
-Drake.
-Suena...oscuro.
Él asiente con la cabeza y sigue con el cuestionario:
-¿Qué es lo que más odias?
Esa pregunta me sorprende enormemente. Me paro un momento a pensar. ¿Qué es lo que más odio? Supongo que sentirme como una niña pequeña, me gustaría tanto que me tomasen más en serio... Quiero tomar decisiones por mí misma, un poco de independencia. Me doy cuenta de lo que más odio y por fin contesto:
-Que me digan lo que tengo que hacer.
Él alza las cejas.
-¿Rebelde?
Suelto una carcajada.
-Un poco, quizás. ¿Qué hay de ti?
-Odio...esas zapatillas que brillan al andar. ¿Sabes cuáles te digo? Son horribles, me provocan dolor de cabeza cada vez que veo unas.
Me vuelvo a reir.
-¡Eso no vale!
-¿Por qué no?-ríe también.
-¿No hay nada que odies de verdad?
-La prepotencia. Con todas mis fuerzas.
Seguimos en silencio dándole lentas caladas al cigarro. Tiene una pierna estirada y la otra encogida con relajación, y coge el cigarro como James Dean, tan elegante y varonil. Se gira hacia mí y me pregunta:
-¿Dónde estudias?
-En el instituto St. Michel, no muy lejos de aquí.
-Lo conozco-asegura. Y me hace otra pregunta.- ¿Qué quieres estudiar?
-No lo sé. No tengo ni idea.-Mi voz se apaga poco a poco al final de la frase.
-¿No hay nada que te guste?
Me encojo de hombros. El cigarrillo se ha consumido y yo tengo que irme. Me levanto, le doy las gracias y me voy al coche.
Y sin pretenderlo, no puedo parar de pensar en él. Ha resultado no ser tan idiota como creía, incluso parecía de confianza. ¿Le volvería a ver?
-¡Hedena, Hedena!- me dice en sus dulces dos años de vida. Yo la cojo entre mis brazos y la planto un sonoro beso en la mejilla. De ahí me dirijo a mi cuarto a llamar a alguien que me pueda acompañar por la tarde.
Llamo a Meredith, a Tony, a Peter, a Paul, a Amy, a April... Hasta que al final me doy por vencida y decido ir sola.
Y aquí estoy, cinco horas después, ataviada con un top negro que deja al descubierto la mayor parte de mi espalda, unos pantalones cortos vaqueros y unos taconazos de tiras negras. Me paro con el coche en un bar llamado "Boulevard" según pone en ruinosas letras luminosas encima de la sucia puerta. El cartel emite una luz enfermiza y un ruido que es como un zumbido. Me acerco a la barra y pido un tequila. En la parte norte del bar, a mi derecha, hay un pequeño escalón donde el propietario deja que toquen algunos grupos. Hoy está un grupo compuesto por cuatro integrantes jóvenes, más o menos de mi edad, que tocan una bonita canción que seguramente han compuesto ellos. Es bonita, con cierto ritmo.
Al bajo se encuentra un chico de pelo castaño y ojos marrones. Sus manos recorren el instrumento mientras su boca tararea la letra de la canción. A su izquierda está un muchacho más bajito de pelo rubio con un piercing en la ceja, que toca la guitarra eléctrica, concentrado. En el otro extremo se encuentra el batería, un joven negro que no para de sonreir, cuyas manos se mueven a la velocidad de la luz con las baquetas en ellas. Y en el centro de todo está el cantante. Lleva atada a la espalda con una cinta una guitarra eléctrica roja y blanca a la que acaricia sacándole las notas más dulces. Es moreno, alto, con unos ojos verdes... que ahora mismo están vueltos hacia mí. Sigue paseando su mirada por todo el bar mientras canta. Tiene una voz suave, atrayente y a la vez viril. Es realmente guapo.
Dejo que la canción se escuche de fondo en mi mente mientras me giro para centrarme en mi tequila.
-Ponme un whisky.- Oigo una voz a mi lado. Ha acabado la canción y el cantante se encuentra a mi lado apoyándose en la barra. Debe de notar mi mirada porque se vuelve hacia mí. Yo finjo indiferencia y sigo con mi bebida.
-Hola, preciosa, no recuerdo haberte visto por aquí- dice con voz atrayente mirándome de arriba a bajo.
-Yo por suerte tampoco- le contesto sin mirarle siquiera. Él suelta una carcajada y se dirige al camarero que debe ser amigo suyo:
-¿Has visto? Uno intenta ser amable y mira lo que pasa...-finge sentirse ofendido. El camarero se ríe y me mira. Yo me limito a acabarme lo que queda de tequila de un trago, a pagar y a largarme de allí. Pero cuando estoy a punto de abrir la puerta, un brazo me detiene.
-Vamos, déjame que te ofrezca al menos un cigarrillo- dice el cantante.
-¿Qué es lo que quieres?
-Que te fumes un cigarro conmigo y charlemos.
Me tiende una caja roja de Marlboro que no rechazo.
-Sólo uno.
Salgo por la puerta para que me dé el aire mientras me lo fumo. Él me sigue como ya esperaba. Me siento en el bordillo de la acera con él a mi lado, y me enciende el cigarro. Suavemente le doy una calada, expulsando luego el humo por la boca.
-¿Cómo te llamas?-me pregunta tras unos segundos de silencio.
-Helena-contesto yo después de preguntarme si debería decirselo.-¿Y tú?
-Drake.
-Suena...oscuro.
Él asiente con la cabeza y sigue con el cuestionario:
-¿Qué es lo que más odias?
Esa pregunta me sorprende enormemente. Me paro un momento a pensar. ¿Qué es lo que más odio? Supongo que sentirme como una niña pequeña, me gustaría tanto que me tomasen más en serio... Quiero tomar decisiones por mí misma, un poco de independencia. Me doy cuenta de lo que más odio y por fin contesto:
-Que me digan lo que tengo que hacer.
Él alza las cejas.
-¿Rebelde?
Suelto una carcajada.
-Un poco, quizás. ¿Qué hay de ti?
-Odio...esas zapatillas que brillan al andar. ¿Sabes cuáles te digo? Son horribles, me provocan dolor de cabeza cada vez que veo unas.
Me vuelvo a reir.
-¡Eso no vale!
-¿Por qué no?-ríe también.
-¿No hay nada que odies de verdad?
-La prepotencia. Con todas mis fuerzas.
Seguimos en silencio dándole lentas caladas al cigarro. Tiene una pierna estirada y la otra encogida con relajación, y coge el cigarro como James Dean, tan elegante y varonil. Se gira hacia mí y me pregunta:
-¿Dónde estudias?
-En el instituto St. Michel, no muy lejos de aquí.
-Lo conozco-asegura. Y me hace otra pregunta.- ¿Qué quieres estudiar?
-No lo sé. No tengo ni idea.-Mi voz se apaga poco a poco al final de la frase.
-¿No hay nada que te guste?
Me encojo de hombros. El cigarrillo se ha consumido y yo tengo que irme. Me levanto, le doy las gracias y me voy al coche.
Y sin pretenderlo, no puedo parar de pensar en él. Ha resultado no ser tan idiota como creía, incluso parecía de confianza. ¿Le volvería a ver?
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