Suena el despertador. Con un gemido cansado lo apago y me pongo en pie. El reloj marca las 7:00, hora de ir al instituto. Me dirijo a la cocina donde está Hilary sacudiendo una cuchara llena de chocolate y pegando berridos.
-¡Hedena, estoy comiendo cereales!-grita. Yo la beso en la coronilla, riendo. Sus cortos rizitos rubios rebotan cuando mueve la cabeza riendo. Y yo no puedo evitar desear volver a tener otra vez dos años, a reir por nada, a tener esa energía inagotable. Desayuno corriendo, me visto con mis vaqueros viejos y una camiseta roja pequeña y salgo corriendo por la puerta después de coger mi mochila, dándole un beso antes a mi madre, que intenta detener a Hilary antes de que ponga perdida la cocina.
Saco el iPod y me dirijo a paso lento al instituto. La música resuena a todo volumen en mis oidos, cuando veo una cara conocida. Es el cantante de aquella noche hace una semana. Drake. Él me ve y frunce el cejo. Está delante de un portal cercano a mi casa, acompañado por su amigo negro. Sonríe y se acerca a mí mientras yo guardo el iPod. Lleva entre los brazos una enorme caja de cartón cerrada.
-¿Cómo tú por aquí?-me saluda.
-Vivo aquí-contesto señalando mi casa.
-¡Drake!-exclama su amigo.-¡He encontrado la llave!
-¿Quieres pasar?-me ofrece. Me encojo de hombros y le sigo.-Coje esa caja del maletero si haces el favor.
-¿Te estás mudando?-le digo ayudándole con la caja. Él asiente con la cabeza.
-Cójeme la llave del coche del bolsillo, ¿quieres?
-¿Estás de coña, no?
Él se ríe y mete la mano en el bolsillo para cerrar el coche.
Le sigo por las desvencijadas escaleras que crujen a nuestro paso.
-¿A qué instituto vas?-me intereso.
Drake se empieza a reir. ¿Qué le hace tanta gracia?
-Yo no voy al instituto, preciosa.
-¿Cuántos años tienes?
-Diecisiete. Pero me he emancipado y he dejado de estudiar.
-¿Por qué?
Se encoje de hombros en silencio, y me doy cuenta de que no va a responder. Debo de haber tocado un tema tabú.
Por fin llegamos a su piso en la segunda planta. El amigo está tirado en el sofá con una cerveza en la mano viendo la tele. Su casa es pequeña, más o menos como mi piso, un poco desordenada pero limpia. No está muy decorada, simplemente con lo necesario.
-¡Negro! Tengo una invitada, no seas maleducado.
-Por supuesto, ¿quieres una cerveza?-sonríe Negro.
-Claro, gracias- me pasa una lata de Heineken.
-Negro, Helena. Helena, Negro- presenta Drake cogiendo otra cerveza de la nevera en la cocina y tirándose en el sofá al lado de su amigo.- Puedes dejar la caja ahí-me señala un rincón donde está la suya.
-Bueno, yo debería irme ya al instituto- me empiezo a despedir.
-¿Por qué no te quedas? No creo que te pierdas nada en clase. Vamos, quédate.
Me lo pienso un momento. La verdad es que no me apetece nada ir a clase. Nadie se daría cuenta, mañana podría falsificar una nota alegando cualquier enfermedad.
Me siento al lado de Drake en el sofá, aún con la cerveza en la mano. Negro hace zapping sin encontrar nada mínimamente interesante y al final deja una serie de policías. Le doy otro sorbo a la lata, sin conseguir beber nada. Me la he acabado. Drake me mira y me dice señalando la cocina:
-Puedes coger otra de la nevera.
-¿Puedo fumar?-le pregunto, sin embargo.
-Claro.-Se saca una caja del bolsillo trasero y me pasa un cigarrillo. Me palpo los bolsillos intentando encontrar el mechero. Mierda, se me ha olvidado. Él, adivinándome el pensamiento, me enciende el cigarro. Le doy una buena calada y la expulso.
-Bueno, yo ya me voy-dice Negro después de acabarse la cerveza.-Encantado de conocerte, Helena.
Drake le acompaña a la puerta.
-¿Qué vas a hacer con ella?-oigo a Negro decir en voz baja. Esto me pone alerta. ¿Qué pretende Drake?
-Nada. No tienes que preocuparte, Negro.
Ya me quedo más tranquila, solo intenta ser amable. Le da una palmada en la espalda y Negro sale por la puerta. La verdad es que a pesar de mis prejuicios en el bar, son buena gente. No tengo que preocuparme, está todo bien.
Drake vuelve a sentarse a mi lado con la cerveza.
-¿Qué tal te va en el instituto?-me pregunta. Yo me encojo de hombros con desgana.
-No demasiado mal. Me han quedado francés y física. No está tan mal si lo piensas, a la mayoría les han quedado cinco. ¿Y qué tal tú fuera de él?
Ahora es él el que se encoje de hombros.
-No se vive mal. ¿Física? Siempre se me dió bien. ¿Puedo verlo?- dice señalando mi mochila. Saco el libro, compuesto por unas cuatrocientas páginas, para enseñárselo. Él lo hojea en silencio.
-Fácil- dice simplemente.- ¿Qué es lo que no entiendes?
-Esa cosa del calor latente, ¿sabes lo que te digo? Sé que es una chorrada pero me cuesta horrores.
Drake empezó a explicarmelo. Y resultó ser tan fácil como una simple suma. Era un maestro realmente bueno, tres veces mejor que el castor que tengo por profesor y además tres veces más guapo. ¿Cómo podía saber tanto si había dejado el instituto? ¿Qué razones podrían haberlo impulsado a hacer eso? ¿Qué clase de vida habría llevado?
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